En casa jamás se vieron los toros, pero apareció esto entre papeles.
"BRINDIS.
Rebulle el coso taurino.
La tarde brinda al torero
sus luces resplandecientes
que hieren a las arenas del ruedo.
Suena el clarín penetrante
del gentío en el revuelo.
El espada aleja el miedo
abriendo su capa de oro
en un lento movimiento
haciendo el instante eterno.
Una mujer lanza al ruedo
su boca en una sonrisa
detenida ante el torero
al que inspira gallardía.
El hombre capta el mensaje,
con la montera en la mano,
con pasos quedos y lentos
cual si no hubiera distancia
entre la mujer y el diestro.
La muleta, bajo el sol,
reposa en el brazo izquierdo:
es la bandera abatida
delante del rostro bello.
La risa encuentra su eco
en los ojos del torero;
se les olvida el recuerdo
de la sangre derramada
y en el rostro, muy sereno,
se dibuja una sonrisa
que expresa y transluce clara
un orgullo altivo y fiero,
mientras el sol de la tarde
tiñe de amarillo el cielo.
Los caireles y la arena
de la mujer el cabello.
Todo es de color amarillo
menos el del toro negro.
Es de brindis el momento,
de todo el ofrecimiento
en la montura viajera,
la carne herida y de muerte.
Quizá para no volver
en el viaje de regreso.
Un brindis a una mujer
no hay nada más importante
para el hombre grana y oro;
tiene que volver al ruedo,
ser digno de su sonrisa
y mirar lisonjero
de la anónima mujer.
El brindis para en palabras
porque el toro está impaciente
y se menea nervioso.
El hombre que ha de matarlo
despliega el bermellón
convierte el orgullo cierto
lo que fue solo promesa
mas el desprecio.
Recoger la dignidad
cobijada en sus pupilas
de unos bellos ojos negros.
Ha de merecer el beso
cuando coja la montera
en el viaje de regreso. "
martes, 13 de mayo de 2008

"Pinos y bancos de piedra
se extienden alrededor
de la ermita muy sencilla.
Los pinos, en su murmullo
se amalgama con los rezos
emanados desde el templo
y desde los oscuros bancos
estrechos, se mezclan estructurados
de enardecidos deseos,
de parejas de enamorados
que no sienten en sus nalgas
ni los fríos muy intensos
de los gélidos inviernos
ni calores sofocantes
en los cálidos estíos.
En cada cuarto de hora
se escucha en el caserío
los bucólicos sones
de las pequeñas campanas
en su bajita espadaña.
Están llamando a la misa
que tiene que celebrarse
cuando se den los tres toques
y el cura siempre feliz
recuerda a San Agustín
cuando en sus "Confesiones"dice
"pueblo que canta,
ora dos veces a Dios"
Y entona cantos sagrados
algunos, hasta en latín.
Celebra la santa misa
ora la palabra sagrada.
Y cuando expone
ciertos sacros pensamientos
más elevados y divinos
expresa el mismo estribillo,
¡Qué precioso! ¡Qué bonito! "
lunes, 5 de mayo de 2008
¡Qué sorpresa!
Cuando estaba de noviazgo y esas cosas.. en un cajón me encontré, entre mis cosas...
"¡Qué sorpresa!
¡Qué sorpresas da la vida
en el matiz sexual!
Me excitó un sueño
y apreté a mi novio quedo.
Y en él me daba la espalda
sin tomar la iniciativa
como siempre acostumbrada
y fui a la práctica,
por los medios de la táctica.
La pareja agradecía
las caricias del amor.
Nos lanzamos al amor
y tan sólo se escucharon
jadeos entrecortados. "
domingo, 16 de marzo de 2008
Tarde gris
"La tarde aparece gris
la lluvia pertinaz recuerdo.
Ráfagas de helado viento
azotaban nuestros rostros.
Me viste así ¡tan feliz!
Una sonrisa de cielo
se mostró en tu rostro bello.
¿Eres tú, feliz amigo,
o quizá infeliz espectro?
Soy yo, clamé más que dije
en aquella tarde gris.
Fue todo como un sueño.
Pude anegarme en el fuego
de tus inmensas miradas.
Pude contemplar tu recuerpo
cumpliendo así mis deseos.
Fueron minutos intensos...
Mi corazón se agitó.
Pertinaz aguacero
era el símbolo del duelo,
en que dejaba tu adios,
a mi pobre corazón...
La lluvia se mantenía.
Quise darte medio en serio
un abrazo lastimero.
Tú reias con mi intento
y mi corazón gemía
transportado por el viento. "
la lluvia pertinaz recuerdo.
Ráfagas de helado viento
azotaban nuestros rostros.
Me viste así ¡tan feliz!
Una sonrisa de cielo
se mostró en tu rostro bello.
¿Eres tú, feliz amigo,
o quizá infeliz espectro?
Soy yo, clamé más que dije
en aquella tarde gris.
Fue todo como un sueño.
Pude anegarme en el fuego
de tus inmensas miradas.
Pude contemplar tu recuerpo
cumpliendo así mis deseos.
Fueron minutos intensos...
Mi corazón se agitó.
Pertinaz aguacero
era el símbolo del duelo,
en que dejaba tu adios,
a mi pobre corazón...
La lluvia se mantenía.
Quise darte medio en serio
un abrazo lastimero.
Tú reias con mi intento
y mi corazón gemía
transportado por el viento. "
domingo, 2 de marzo de 2008
"Has llegado tarde, madre.
El ciclo de tu vida se apagó.
Fueron tantos los dolores...
Como una cepa bíblica
brotaron en ti los sarmientos;
de éstos, nacieron racimos...
El milagro de tu savia
los formó tan bellos...
Uno de ellos maduró a destiempo
se arrugó y se extinguió.
Otro racimo se desgajó de ti
y formó un nuevo vastago.
No has podido con tanta vicisitud.
Esperabas coronar tu vida
asistiendo gozosa, al nacimiento
de una nueva planta.
¡No puede ser!
La plaga asoló tu cuerpo
las ramas tormentosas de tu vida
se saturaron de podredumbre..
y eres, madre, la vid
que exprimió su vida
sin querer gustar sus frutos.
Desde algún lugar ignoto
verás la resurrección,
y con ella..."
El ciclo de tu vida se apagó.
Fueron tantos los dolores...
Como una cepa bíblica
brotaron en ti los sarmientos;
de éstos, nacieron racimos...
El milagro de tu savia
los formó tan bellos...
Uno de ellos maduró a destiempo
se arrugó y se extinguió.
Otro racimo se desgajó de ti
y formó un nuevo vastago.
No has podido con tanta vicisitud.
Esperabas coronar tu vida
asistiendo gozosa, al nacimiento
de una nueva planta.
¡No puede ser!
La plaga asoló tu cuerpo
las ramas tormentosas de tu vida
se saturaron de podredumbre..
y eres, madre, la vid
que exprimió su vida
sin querer gustar sus frutos.
Desde algún lugar ignoto
verás la resurrección,
y con ella..."
sábado, 1 de marzo de 2008
El pan nuestro... de Masías

"¿Reside usted en Masías?
¿La conoce usted por dentro?
Se expande desde su centro
en una vasta extensión
para expender el pan
a toda la población.
Si tiene algunas ventajas
también tiene inconvenientes,
tal como la zarandaja
de no tener pan crujiente,
cada mañana del día,
para remediar tal fallo,
nos lo sirve a domicilio
un tal Miguel de Moncada.
Cual si estuviera en exilio,
siempre con el mismo rito,
tocando del coche el pito,
y siempre con buen humor.
Una mujer asaz pícara
le dice con "intención":
"Té hui el pito acatarrat?"*
"Filla, como vols que tinga el pito
després de estar sense femella
vora de quatre anys i mig?"
Otra mujer frescachona
le espeta de sopetón
con toda la ingenuidad:
¿suena el pito de otro modo
o es que me parece a mí?
Miguel con amplia sonrisa
ni corto ni perezoso:
Ya quisiera yo cambiar
por pito de coche nuevo y flamante
al que tengo de diario
que pita como un cascajo:
tendría así buen carajo.
Así se reparte el pan
con guiños y cuchufletas.
En algún día se olvida
de tocar el pito dichoso
y antes de que nadie le diga
la causa de no tocarlo,
les dice jacarandoso:
"en otro tiempo pitaba
todas las notas del órgano
Ahora ya no pita nada
por no tener con quien usarlo..."
Si alguna persona pía
con cara de circunstancias
decía emocionada:
"Danos, Señor, nuestro pan
en este bendito día."
Le contesta muy afable
y sin tono doctrinal
"Yo no le regalo el pan
si no me da los quince duros".
Entre bromas y de veras
se va repartiendo el pan
crujiente y tibio del día
en nuestra feliz Masías. "
* ¿tiene el pito hoy acatarrado?
hija, ¿cómo quieres que tenga el pito
después de estar sin mujer
después de cuatro años y medio?
sábado, 23 de febrero de 2008
LACTANCIA
"Me sentía tan extraña
en aquel centro oficial…
flanqueada de personas
hartas de tanto esperar.
Todo sería distinto,
si pudiera descansar
mi mirada desvaída
en la imagen de María.
Empezó mi fantasía
a crecer en su deseo
de contemplar a la Virgen
y en sus brazos a su Niño.
Soñaba con colores
del divino fray Angélico
y la belleza impoluta
de la Virgen de Murillo
y de tantas tantas madonas,
Marías llenas de gracia
desfilaban por mi mente
tantas madres cumplidoras
del “hágase en mí
según el Divino verbo”.
Y medité que las madres
son dotadas para amar
con todo su cuerpo y alma
y ¡oh, providente intuición!
no ignoran que su presencia,
su más generoso amor
con su blanca, tibia leche
crían, que no educan,
a sus tiernas criaturas.
Si una madre da a su hijo
su amor y fiel compañía,
hasta que no necesite más.
¿no estaré formando un hombre,
capaz de ser bien amado
y capaz siempre de amar?
De este modo cumplirá
el plan divino y eterno.
¡Qué difícil de cumplir
este plan tan natural,
si la madre es obligada
a estar ausente del niño
¡porqué debe trabajar!
¡Qué difícil es que el niño
sea luego independiente,
que no contenga su llanto,
que permanezca en el sueño,
que no moleste a su madre
cuando llegue a ser adulto
como un niño desvalido.
Y la madre que no fue
tendrá que serlo
cuando sea viejecita.
Y la sociedad –tan ciega-
obstinada en que la madre
trabaje cuando posea su hijo.
Unos bienes materiales
suplen la leche materna
por la de los biberones,
frenar el amargo llanto
succionando los chupetes…
¡Madres! Cumplid con el plan:
“hágase en el fondo de mi alma,
según tu divino verbo”.
(Esto se lo regaló a una amiga mía que iba a dar a luz. Aunque ni ella ni yo seguimos las creencias religiosas que nos inculcaron, nuestras lágrimas corrieron por las mejillas cuando se la dió. )
en aquel centro oficial…
flanqueada de personas
hartas de tanto esperar.
Todo sería distinto,
si pudiera descansar
mi mirada desvaída
en la imagen de María.
Empezó mi fantasía
a crecer en su deseo
de contemplar a la Virgen
y en sus brazos a su Niño.
Soñaba con colores
del divino fray Angélico
y la belleza impoluta
de la Virgen de Murillo
y de tantas tantas madonas,
Marías llenas de gracia
desfilaban por mi mente
tantas madres cumplidoras
del “hágase en mí
según el Divino verbo”.
Y medité que las madres
son dotadas para amar
con todo su cuerpo y alma
y ¡oh, providente intuición!
no ignoran que su presencia,
su más generoso amor
con su blanca, tibia leche
crían, que no educan,
a sus tiernas criaturas.
Si una madre da a su hijo
su amor y fiel compañía,
hasta que no necesite más.
¿no estaré formando un hombre,
capaz de ser bien amado
y capaz siempre de amar?
De este modo cumplirá
el plan divino y eterno.
¡Qué difícil de cumplir
este plan tan natural,
si la madre es obligada
a estar ausente del niño
¡porqué debe trabajar!
¡Qué difícil es que el niño
sea luego independiente,
que no contenga su llanto,
que permanezca en el sueño,
que no moleste a su madre
cuando llegue a ser adulto
como un niño desvalido.
Y la madre que no fue
tendrá que serlo
cuando sea viejecita.
Y la sociedad –tan ciega-
obstinada en que la madre
trabaje cuando posea su hijo.
Unos bienes materiales
suplen la leche materna
por la de los biberones,
frenar el amargo llanto
succionando los chupetes…
¡Madres! Cumplid con el plan:
“hágase en el fondo de mi alma,
según tu divino verbo”.
(Esto se lo regaló a una amiga mía que iba a dar a luz. Aunque ni ella ni yo seguimos las creencias religiosas que nos inculcaron, nuestras lágrimas corrieron por las mejillas cuando se la dió. )
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